Dra. Denegri en el Diario El Mundo de Venezuela
A continuación les dejamos la columna públicada en el diario El Mundo de Venezuela por María Fátima Dos Santos
Socialización económica
Información y formación hacen dupla a la hora de iniciar a un niño en la economía
No te puedo comprar ese juguete, es demasiado caro”, “¿Qué prefieres de regalo para navidad, un iPod o un GameBoy?”, “¡Ahora te quedas sin mesada!”, “Mi amor, regálaselo al niño, que todos sus amiguitos tienen uno”, “Tenemos que ahorrar para poder irnos a Margarita en vacaciones”, “Si quieres eso, lo compras con tu dinero”, “Este mes estamos apretados, porque hubo que pagar la inscripción de los colegios”, “Prefiero que te compres unos Nike, que son de marca”, “¡Pero si este cuaderno costó la mitad el año pasado!”, “¡El BlackBerry de mi papá es mejor que el tuyo!”.
Sin que el mismo infante o sus padres lo noten, el mundo de un niño está lleno de información económica, y el modo en que se maneje esta información y se le explique al niño, forma parte del largo y complejo proceso de socialización económica.
Como dice Marianela Denegri: “Dentro de la construcción de representaciones acerca del mundo social, probablemente los dos problemas centrales sean la comprensión del orden político y del orden económico”. La socialización económica no incluye solamente información instrumental sobre temas económicos básicos (tales como dinero, trabajo, ahorro, inversión, publicidad e incluso moda), sino que también involucra, se quiera o no, la transmisión de valores indispensables para la vida económica del futuro adulto en formación.
La información suele llevar consigo la formación. Hasta el temprano siglo XX (por poner un punto de corte algo arbitrario), ciertos grupos sociales podrían haberse abstraído a la mayor parte de los procesos económicos. Probablemente una mujer, un joven, un esclavo o un religioso del siglo XVIII o XIX hayan podido llevar sus vidas sin tener mayor (ni menor) conocimiento de lo que significaba un préstamo, una colocación, un cheque, un seguro. Hoy en día no tendríamos fe en la viabilidad social de alguien que declarara semejante nivel de desconocimiento. De hecho, el mundo del siglo XXI se mueve a tal velocidad, que me he descubierto diciéndole a un menor de edad que es demasiado joven para jugar en Forex, a lo cual respondió “¿con diecisiete años tampoco podré comprar acciones de Berkshire Hathaway, cierto?”. Así andamos…
En muchos de aquellos que actualmente ostentan las tiernas edades correspondientes a la niñez, la adolescencia y la juventud, se observa una precocidad que a los adultos nos resulta abrumadora, y ello se debe, en gran medida, a la tremenda exposición mediática a la que se ven sometidos desde muy pequeños. Y es que, como todo otro tipo de socialización, la económica se produce en contextos múltiples: la familia, la escuela, la calle, los medios de comunicación, las redes sociales. Esto ocurre para bien… y para mal. Para bien, porque toda información amplía los horizontes y mejora la capacidad de acción. Y para mal, porque la transmisión de conocimiento incluye cargas valorativas, y el contenido ético difundido no siempre es el más constructivo. La información contiene formación.
En un mundo 2.0, la información proviene de todos lados, y le llega al niño en una especie de tormenta, logrando con frecuencia que sus conocimientos sean superiores a los de los adultos. Ponga usted el caso de la tecnología, y reflexione con cuánta frecuencia hoy en día los niños enseñan a sus padres.
En el actual contexto social, el papel de la familia como transmisora de valores, y como filtro y moderación de información, se ve aún más requerido.
Fuente: Diario El Mundo de Venezuela

