Nota sobre Proyecto FONDECYT en el Diario Austral de Temuco
Estómago satisfecho, corazón contento
(Nota publicada el día Martes 6 de Abril de 2010, página 15 )
Proyecto financiado por Fondecyt pretende evidenciar de manera científica si efectivamente estamos contentos con nuestra vida según el tipo de alimentos que ingerimos.
Hay un dicho que asegura que “somos lo que comemos”. Esto es así porque es ampliamente conocido que comer produce placer y que el consumo de alimentos está estrechamente unido al bienestar de cada persona. Actualmente el concepto “comer sano” o “comer bien” denota a una persona preocupada de su salud, y que, en consecuencia, es más feliz. ¿Cuánto de verdad y mito hay en esta idea? Es la interrogante que pretende revelar la investigación titulada “Relación entre bienestar subjetivo, alimentación y comportamiento de compra de alimentos”, que lleva a cabo una investigadora de la Universidad de La Frontera, doctora Berta Schnettler, junto a los académicos Horacio Miranda y la doctora Marianela Denegri. “Existen índices de felicidad que miden cuan satisfechas están las personas con sus ingresos, trabajo, educación o familia. En este listado también figura el factor salud y, a partir de ello, que surge la idea de que la salud está estrechamente ligada a la alimentación”, explica la doctora Schnettler. “Hay un dominio de la vida que no se ha estudiado en profundidad: todos los días compramos alimentos y los preparamos; agasajamos a nuestros invitados con comida y si hay que celebrar también recurrimos a la comida. Con esta investigación queremos saber si una persona está más contenta si se siente más satisfecha con su alimentación”, agrega. salud, placer y afectos Investigaciones anteriores dan cuenta de que la alimentación humana se ha convertido en uno de los temas principales de discusión dentro del ámbito científico, y en la evidente relación entre alimentación y salud, el consumo se encuentra mediado por muchos factores, más allá de los estrictamente nutricionales. “El comportamiento de consumo de alimentos tiene dimensiones que abarcan no sólo datos cognitivos, también incluyen afectos y experiencias personales, entre otros”, acota la investigadora. En este contexto, es preciso destacar que la alimentación es uno de los vehículos más importantes de la socialización e identificación de los individuos, siendo imposible separar el alimento de una noción de placer. Comer tiene un significado cultural, sicológico, social y simbólico que se asocia a alimentos específicos, su forma de producción y preparación y los hábitos de alimentación. Considerando que la elección de los alimentos está más influenciada por la interpretación sicológica de las propiedades de los productos que por las propiedades físicas de éstos, a juicio de Schnettler, es importante desarrollar estudios que permitan vincular el bienestar y la satisfacción que las personas tienen con su vida a la satisfacción asociada a la alimentación. Fuente: Diario Austral Temuco |


